MIGUEL
Se ha incorporado al grupo a regañadientes. Quiere, pero cree que no puede. Piensa que le sobran achaques y algún quilillo que otro, aunque eso nunca se pone de manifiesto en su andadura y esfuerzo.
Si fuera un “San Bernardo”, tendría que pedir la baja por depresión... después de haberse bebido el barrilillo de ron, claro: ¡No le gusta pisar nieve por encima de la rodilla, y ya está!
Es tranquilo, amable, solícito y no es de los que se quejan demasiado. Se solidariza con alguno que otro que se rezaga y jadea como un boxer en tiempo de verano.
Su expresión bonachona y su simpatía nos contagian. Nos hacen más fácil el “sufrimiento” de la marcha, y más agradable la tertulia a la hora de la comida. Buena adquisición, nuestro amigo Miguelón.
   
     
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